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sábado, 25 de mayo de 2013

Acerca de... un día como hoy

   
        

       En tal día como hoy hace 118 años, Oscar Wilde era arrestado por conducta indecente y homosexualidad pese a ser una de las figuras más influyentes de la literatura de la época. No viviría para ver como 19 años más tarde, en tal día como hoy, la cámara de los Pares firmaba el acta de Devolución para su querida Irlanda.

      Exactamente 24 años más tarde, en 1938, el Generalísimo Francisco Franco Bahamonde llevaba a cabo el peor bombardeo de la historia de España en Alicante, uno de los actos más atroces de la Guerra Civil. En el mismo día y al otro lado del charco se inauguraba el estadio monumental del River Plate, posiblemente el edificio más reverenciado de toda Sudamérica.  Dos años más tarde lo hacía La Bombonera del Boca, estableciendo así una de las hostilidades fratricidas de más solera en el fútbol.

     Pasan los años.

      1950, 1951 y 1952. En el mismo día se detonaban tres bombas atómicas en tres puntos distintos del planeta, cada una más potente que la anterior y todas ellas varias veces más devastadoras que Fat Man y Little Boy. Seguramente porque la humanidad no parecía haber captado el mensaje la primera vez.

     25 de Mayo de 1961. J. F. Kennedy anunciaba el fin de los preparativos del Proyecto Apollo que llevaría al hombre a la Luna y que él mismo había poyado desde el principio (lo que resultó ser una buena decisión). Dos años y unos meses más tarde escogía un descapotable para saludar por las calles de Dallas, lo que resultó no serlo tanto.

     1977 George Lucas estrenaba La Guerra de las Galaxias, episodio IV "A new hope" creando la mayor y más acérrima horda de fans que el mundo jamás ha visto y dando origen al fenómeno fandom. 4 veranos más tarde el final de la trilogía original veía la luz, acompañada por cientos de ewoks salidos del vientre del diablo del márketing.

      Pasan los años.

      En tal día como hoy, hace un año yo dejaba de ser "El año pasado" para convertirme, simplemente, en pasado. Una transformación que tarda en entenderse el tiempo justo que tardan las ruedecillas de una maleta en dejar de oírse en línea recta. Una medida que coincide además con el tiempo exacto que dura el escozor de las marcas dejadas por dos besos que son de despedida y saben a olvido. Creo que Sabina canta con conocimiento de causa sobre el intervalo al que me refiero.

      Y como al universo en general le gusta la ironía como a cualquiera, ese mismo día comenzó a secarse un rosal de mi jardín, que tenía a bien ofrecer de vez en cuando unas preciosas rosas blancas y que no ha vuelto a florecer desde entonces.

      365 días de puntos suspensivos más tarde, aún me sigo despertando cada cierto tiempo para contar estrellas fluorescentes que no están ahí. Qué cosas...
      Y sintiéndolo mucho por Wilde, por los republicanos de Alicante, por Kennedy, por los fans de Star Wars, por los argentinos del Boca, por los del River y por el futuro del planeta, ese pequeño detalle me sigue pareciendo mucho más importante.

     Hace un año había otra persona sin saber qué decir delante de este mismo teclado. Algo que él y yo aún  compartimos (y por eso las efemérides).

P.S.
A aquellos que disfruten con los cantautores... Ahí va una bonus track.
https://www.youtube.com/watch?v=5YXVMCHG-Nk

viernes, 11 de enero de 2013

De campo y camino




Es una tarde mustia y desabrida 
de un invierno sin frutos, en la tierra 
estéril y raída 
donde la sombra de un centauro yerra. 
Por un camino en la árida llanura, 
entre álamos marchitos, 
a solas con su sombra y su locura 
va el loco, hablando a gritos. 
Lejos se ven sombríos estepares, 
colinas con malezas y cambrones, 
y ruinas de viejos encinares, 
coronando los agrios serrijones. 
El loco vocifera 
a solas con su sombra y su quimera. 
Es extraña y grotesta su figura; 
flaco, sucio, maltrecho y mal rapado, 
ojos de calentura 
iluminan su rostro demacrado. 
Huye de la ciudad... Pobres maldades, 
misérrimas virtudes y quehaceres 
de chulos aburridos, y ruindades 
de ociosos mercaderes. 
Por los campos de Dios el loco avanza. 
Tras la tierra esquelética y sequiza 
rojo de herrumbre y pardo de ceniza 
hay un sueño de lirio en lontananza. 
Huye de la ciudad. ¡El tedio urbano! 
¡carne triste y espíritu villano!. 
No fue por una trágica amargura 
esta alma errante desgajada y rota; 
purga un pecado ajeno: la cordura, 
la terrible cordura del idiota.

Campos de Castilla: Un loco 
Antonio Machado

sábado, 23 de junio de 2012

Madrugadas a fuego



     Hoy es San Juan y cuando miro hacia el mar, a la playa, veo la noche herida por casi tantas luces en tierra como las que arden antiguas en el cielo. El aire sopla con fuerza y trae el olor dulce y picante de la madera. Y también, porque así es el género humano, el olor acre, denso y pegajoso del caucho y el plástico que algún imbécil ha decidido ofrecer en sacrificio.

     Aún en estos días, esta sigue siendo una noche mágica. Sin meigas, aquelarres, cánticos o luminarias de San Telmo, esta sigue siendo una noche donde todos nos volvemos, cada cual a su manera, paganos que veneran a un Dios tan viejo como el corazón del sol más viejo. Tal es la atracción del fuego, que hasta los más borrachos se acaban sentando frente a él y dejando que su vista se pierda en el burlón e imparable baile de chispas y llamas.

     Qué ven, eso es cosa de cada uno. Para algunos, el fuego consume las penas que el alcohol no puede borrar. En otros aviva las alegrías de una noche que anuncia verano y libertad. Y seguramente para unos pocos, más espirituales o más sobrios, el fuego señala el comienzo de algo, de una nueva etapa, tal vez.

Muchos también queman en esas hogueras el pasado, y se encargan de  alimentarlas con apuntes de clase, libros o fotografías. Iconos de los demonios cotidianos que desean exorcizar de la memoria.  Y según corra el alcohol o la nostalgia, incluso lágrimas y recuerdos acabarán también evaporándose en ellas...

   Puede ser que en algún lugar, esta noche,  una parte de mi pasado esté igualmente quemándose en una pira que no he construido. Lo que quede de él cuando llegue la mañana (si hay alguien lo bastante empeñado en mantener la hoguera), lo dirá el tiempo. Quizás, como el humo, se convierta en un aroma dulzón, que hace llorar los ojos cuando se respira pero que no tarda en disiparse para siempre. O quizás se convierta en brasas, en rescoldos que se mantienen, tozudos, esperando a que los reaviven o los pisotee un patán inconsciente para demostrar que puede, literalmente, caminar sobre ellos por amor.

     E ironías de la vida, aquello que hoy pueda quemarse, empezó un día sobre el papel, quemando cartas en una playa.





miércoles, 3 de noviembre de 2010

Manifiesto de entresemana

  
Señores, saltándome la política de contenido anti - personal del blog me gustaría decirles algo a algunas personas:
  - A los intolerantes
  - A los ultratolerantes por defecto
  - A los seguidores de cualquier pseudociencia
  - A los machistas
  - A los conservadores tradicionalistas en cualquier lugar y cultura del planeta
  - A los creyentes empedernidos
  - A los pedantes insufribles
  - A los racistas
  - A los nacionalistas
  - A los fascistas
  - A los elitistas de todo tipo y en todo campo
  - A los cantautores sin propósito
  - A los tontos por voluntad propia
  - A los que ven Telecinco ( por no poner comillas bajo el punto anterior)
  - A los crédulos
  - A los hipócritas
  - A los violentos
  - A los injustos
  - A los Gilipollas (con mayúscula) del mundo
 A todos vosotros desde lo más profundo de mi alma, a todos vosotros, cerdos ignorantes, SOIS UNOS HIJOS DE PUTA.



Y yo sin sentirlo, ni puedo ni quiero evitarlo.
Salud.

jueves, 8 de julio de 2010

De tesoros encontrados.

 Si llegáis a asomaros a una azotea lo bastante alta para oir cercano el rumor de la vida y miseria humanas, seguro que no os resulta difícil imaginar la ciudad, cualquier ciudad, como un enorme mar. Un mar con olas de tiempo y corrientes de asfalto que nos llevan de un lado a otro conforme las navegamos, algunos con la seguridad de una flota entera de galeones y otros con la fragilidad de un esquife. Pero ya seamos galeón o bote, la mala suerte puede enviarnos de un golpe contra un témpano, un arrecife o un banco de tiburones para caer hundidos en lo más profundo de la vorágine del día a día en la ciudad. Rotos y olvidados. Y a veces, de vez en cuando y como tesoros de un naufragio tirados en la acera, encontramos personas con toneladas de puro talento que esperan a ver si alguien los saca del fondo de indiferencia y mierda en que se encuentran. Es el caso de Jim Mustard, un mendigo que fue llevado al programa de radio de Opie & Anthony en U.S.A en principio para una especie de concurso de compras para indigentes. A mitad de entrevista preguntó por una guitarra y soprendió al personal con esto:
 



Como dijo un comentarista anónimo de youtube. "Puedo sentir su alma desde mil millas."

Aquí dejo el link a su grupo de fans de facebook.

viernes, 26 de junio de 2009

El soñador.



Está claro que a estas alturas no puedo negar que estoy borracho. Ebrio de melancolía, perdido entre los jirones de los recuerdos de sitios en los que nunca he estado. Sitios que seguramente ni siquiera existan. Lugares tan hermosos que su mera belleza debería solidificarlos ante mis ojos si tan sólo la física cuántica fuese un poco más romántica. Y todo un desfile de criaturas a cada cual más extraña y fascinante. Seres tan grandes que podrían usar un islote de camastro, y tan ancianos que hubiesen caminado de niños de un lado a otro del mundo sin tener que tocar el mar. O pequeños organismos con una vida tan fugaz que apenas se pueda decir que hayan existido, dejando atrás, sin embargo, monumentos inmunes al mordisco de miles de siglos. He visto gigantescas cordilleras, blancas y escarpadas surgiendo de entre las nubes de tormenta, y ciudades entera hechas de cristal y diamante erigiéndose desde las profundidades del océano hasta la puesta de sol. He visto mil universos, mil, al otro lado de un pensamiento. Y luego los he borrado para crear otros nuevos. Porque eso es lo que hago. Soñar. Más que un hijo, un novio, un escritor o un ser humano, soy un soñador, y por los sueños me defino. Y como buen soñador, tengo insomnio. Los soñadores de verdad tenemos la cabeza demasiado ocupada para abandonar algo tan importante al subconsciente. Las pesadillas más terroríficas que jamás haya tenido no eran las que me despertaban sudando de la cama. Eran las que se me ocurrían segundos después de abrir los ojos. Y mis mejores sueños adornan los márgenes de unos cuantos apuntes de clase, condenados a amarillearse y morir arrugados entre letras apretujadas y azules.
Me he pasado la vida vagando entre sueños.
Truman Capote decía que una persona que no sueña se envenena por dentro, y acaso tuviera razón. Pero los sueños son como el aire: alimentan tu vida hasta que acaban consumiéndola como con los rescoldos de una hoguera. Así que ya puestos, veneno por veneno, yo estoy aquí borracho de melancolía. Pero, sobre todo, borracho de cerveza.